viernes, 10 de agosto de 2012

Sin título


I

Noche, arrebatas el calor del día, sol de temporada. Me vuelvo lento, nostálgico, pero sigo tibio pensando, creando ideas, usando la boca y mis manos para expresarlas.
Fantasma cerebral, impulso celular, una terminal nerviosa entre mis palabras y  la yaga.
No sé. Si es el frío o mi inutilidad antes las letras. Se borran, se enredan. Se presentan de forma efímera. Sin reaccionar. Se esfuman, huyen de la idea, creación inoportuna. Marchando al pasado donde yace lo que no recuerdo.
Pero sé, que no tiene relación con la palabra olvido. Recuerdo claramente que se arranca la idea y voz de este poema. Se mantiene el rencor punzante en la cabeza. Sensación de no escribir ni expresar, las sílabas que no escucho.

II

Nocturno me ha pillado en este laberinto, entre letras muertas, olvidadas, por esta mente turbia y mal engendrada. Que no sabe si escribe poemas o frases sin sentido ni orden.
Sin embargo, sigo aquí tendido inmóvil como individuo. Tumba. Añeja y pasó al olvido.
Incipiente lluvia negra, tu flema limpia mi garganta obstruida. Las gotas se vuelven sangre y tinta de este escritor cadáver entumecido. No-muerto de la realidad exigida y prisionero en sueño. Letargo a no escribir lo prometido. Lo correcto. Ojo y oídos juzgan como reyes infinitos.

III

Sigo dormido y mi cuerpo entre papeles. Acurrucado, afligido de recuerdos que no llegan.
Doy un golpe al muro. Me siento y soy víctima de la alucinación. Autor sonámbulo.
De a poco. Lento. Se animan las manos entre sueños prohibidos, que serán carne y alma de letras y palabras.

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