I
Noche,
arrebatas el calor del día, sol de temporada. Me vuelvo lento, nostálgico, pero
sigo tibio pensando, creando ideas, usando la boca y mis manos para
expresarlas.
Fantasma
cerebral, impulso celular, una terminal nerviosa entre mis palabras y la yaga.
No
sé. Si es el frío o mi inutilidad antes las letras. Se borran, se enredan. Se
presentan de forma efímera. Sin reaccionar. Se esfuman, huyen de la idea,
creación inoportuna. Marchando al pasado donde yace lo que no recuerdo.
Pero
sé, que no tiene relación con la palabra olvido. Recuerdo claramente que se
arranca la idea y voz de este poema. Se mantiene el rencor punzante en la
cabeza. Sensación de no escribir ni expresar, las sílabas que no escucho.
II
Nocturno
me ha pillado en este laberinto, entre letras muertas, olvidadas, por esta
mente turbia y mal engendrada. Que no sabe si escribe poemas o frases sin
sentido ni orden.
Sin
embargo, sigo aquí tendido inmóvil como individuo. Tumba. Añeja y pasó al
olvido.
Incipiente
lluvia negra, tu flema limpia mi garganta obstruida. Las gotas se vuelven
sangre y tinta de este escritor cadáver entumecido. No-muerto de la realidad
exigida y prisionero en sueño. Letargo a no escribir lo prometido. Lo correcto.
Ojo y oídos juzgan como reyes infinitos.
III
Sigo
dormido y mi cuerpo entre papeles. Acurrucado, afligido de recuerdos que no
llegan.
Doy
un golpe al muro. Me siento y soy víctima de la alucinación. Autor sonámbulo.
De
a poco. Lento. Se animan las manos entre sueños prohibidos, que serán carne y
alma de letras y palabras.