Blancas
paredes limitan los pasos. Ventanas ausentes ahogan pulmones. Sabor a sangre en
la garganta y alucinante olor a muerte.
Se
vuelven lentos los días. Largas se hacen las horas. Tiempo se derrite
aumentando el dolor del vacío que se vuelve vida muerta.
Plasma
negro recorre manchando este cuerpo enfermo en busca de aliento en el cliché de
tiempos mejores, mejores al tratamiento insignificante. Condición anti-humana
del sentimiento.
Acompaño
la tristeza en soledad moribunda. Como
agujas que cosen la piel, como espinas que castigan y hacen daño.
Débil.
Melancolía entierra la voluntad. Se lleva el peso existencial, la sangre. Mas
no puedo ignorar esta condena que consume.
Realidad.
Tiempo de luto y alegría. Gemidos que visten de llanto, entre delirios caminan.
No
hay fuerza y se abren los ojos. Cicatrices quedan como recuerdo silencioso,
recuerdo enloquecido, dibujo del alma tormentosa.
Y
el cuerpo despierta, se convierte en flagelo de paredes blancas desteñidas. El
grito alimenta miedo al eco sofocante.
Luces
muertas. Otoño sin gracia que transcurre.
Se
pierden los ojos en paisajes de locura. La mirada encuentra salida en ventanas
imaginarias donde el aire refresca esta materia.
Aquí.
Sentado mirando el cielo. Bien. Estoy sorprendido. Como todo simplemente cuelga
junto. Y las nueves flotan lentamente. Bueno, no es increíble.

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