Primera noche
Esta
noche fría no basta para dormir
lágrimas
borrachas corren hasta perderse lejos
junto
al dolor que se vuelve débil
y
deja como amargura en mi boca
ese
llanto que no necesita más motivos
para
gritar.
Acordes
de manos ancianas aúllan
con
melodías que adormecen los oídos
tonadas
que convierten al hombre
en
la tristeza prematura del inocente.
Desde
ahora me entrego a la soledad
ensoberbecida
transidos
estás los sueños
ya
no es suficiente sobrevivir
y
entre el muro evaporado
hay
humo grueso que devora mis pulmones
el
interior de a poco se ahoga.
Como
un pedazo de carne en cámara fría
aislado
entre metal oxidado con mi sangre
y
la enfermedad que mata al aire
la
balada que escupe estas muñecas abiertas
guía
al recuerdo a la fosa.
Segunda noche
Escuchaba
a la soledad acercarse sigilosamente
por
los pasillos.
Perdido
entre ilusiones y papeles manchados
yacía
tendido en las sedas
extenuado
de toda lucha
ciegamente
me abrazaba la soledad.
Mi
cabeza se abría y mi mente se desplomaba
oscurecen
las blancas paredes
se
vuelven sombra,
ya
no sé si hay pared ahí.
Mi
cerebro lo revolvía un cucharón de sopa
y
el valor solo era una palabra sin gusto…
Al
menos así lo sentía.
Cabizbajo
con la mirada empedernida
el
daño y la angustia en mi pecho desnudo.
El
aire se hace frío y una brisa se colaba
por
la ventana.
El
viento bailaba con las ramas
rígidas
como dedos enfermos,
las
que azotaban techos y paredes de barro
llamando,
provocando las lágrimas
del
cielo negro.


